Cosmogonía solar

Egipto ha enamorado y fascinado a lo largo de toda la Historia, siempre ha poseído un halo de magia y misterio, que extrañamente no es orígen de nuestro desconocimiento de la misma, sino que cuanto más se conoce de su cultura y religión, más misteriosa y fascinante se vuelve.

Las tierras del Nilo son junto a Mesopotamia una de las tierras de los orígenes culturales del hombre. Aquí, fruto de la sedentarización, surgieron las primeras manifestaciones artísticas, culturales, y una religión completamente original, que pasó de ser de simples adoradores de la naturaleza, a diversificarse de una manera tán rica y diversa que no podrá igualarse.

Este artículo habla precisamente de la doctrina heliopolitana de la Creación, es decir, cuenta la creación del mundo según la religión de los antiguos egípcios. Veremos que toda construcción tiene un porqué, que la vida no se entendía sin la religión que todo lo impregnaba, y por último puede que nos venga a la cabeza lo que más interesante me resulta de esta religión, equivalencias con otras religiones más modernas, como pueden ser la griega, romana, cristianismo, etc. las cuales se nutrieron o asimilaron elementos de esta primera religión.


Heliópolis significa en griego “La ciudad del Sol”, ciudad en la que se sitúa el centro de origen de la religión solar egipcia, la cual explica la creación del mundo a través de la Cosmogonía solar:

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Situación de Heliópolis.

En un primer momento, según los sacerdotes heliopolitanos, antes de la creación del mundo solo existía el Nun, un espacio sombrío, silencioso y acuoso.

El primer elemento surgido de la nada es el llamado Benben o Colina Primordial, es el nacimiento de la tierra entre las aguas del Nun. En este primer paso ya podemos observar varias extrapolaciones del mundo real. El Benben hace alusión a las primeras tierras fértiles surgidas tras las inundaciones del Nilo, base de la vida en el antiguo Egipto. Por otro lado, podemos ver como las pirámides, obeliscos y piramidiones, lejos de ser un simple elemento estético, son siempre elementos rituales que evocan la creación de esta primera colina.

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Pirámides de Khufu, Jafra y Menkaura.

El segundo ente aparecido en el Nun es al pájaro primordial, el llamado Ave Benu, representado por una lavandera egipcia o una garza real. Este ave se posa sobre la colina recién surgida de la aguas y grazna, implicando la aparición del sonido frente al silencio.

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En este texto funerario, se hace referencia a Ave Benu:

“Este … ha graznado, en tanto que ganso.

Este … se ha posado en la planicie yerma que está sobre la isla grande. (Benben)

Este … se ha elevado hacia arriba.”

El tercer ente que aparece durante la creación es el Demiurgo solar, el dios Sol Atum, significando la aparición de la luz frente a las tinieblas del Nun.

El Demiurgo es una divinidad con tres aspectos diferenciados:

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Khepri, el sol de la mañana, dios representado con cabeza de escarabajo.

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Re, el sol del mediodía, representado con cabeza de halcón y tocado de disco solar y aureo.

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Atum, el sol del atardecer, dios con forma humana y tocado con la doble corona del alto y bajo Egipto.

El siguiente paso en la creación es la aparición de la primera pareja divina, el dios Shu, símbolo del aire y Tefnut, que simboliza la humedad o la luz.

Al encontrarse solo el Demiurgo solar, crea a los hermanos Shu y Tefnut a través de la masturbación, como describen en uno de los textos de la pirámides:

“Es Atum quien vino a la existencia como aquel que se masturbó en Heliópolis.

Agarró su falo con su puño para provocar el orgasmo con él

y los dos hijos-hermanos nacieron, Shu y Tefnut”. 

Llama la atención los explícito del texto, siendo la sexualidad y fertilidad un elemento muy importante de la religión egipcia, como ya vimos en el artículo Orígenes de la sexualidad.

De Shu y Tefnut surge la segunda pareja divina, formada por los dioses Geb, que simboliza la tierra, y Nut, que es símbolo del cielo.

A continuación, se produce un ordenamiento del espacio entre los nuevos entes surgidos de la creación. Geb (la tierra) es separado de Nut (el cielo) por su padre Shu, el dios del aire.

En un texto de los ataúdes se puede leer como el propio Shu habla del proceso:

“Estoy cansado desde que he levantado a mi hija Nut sobre mi, para entregársela a mi padre Atum como morada.

He colocado a Geb bajo mis pies; este dios, qué el mantenga unidas las Dos Tierras para mi padre Atum”.

En esta representación se puede observar el rol de cada unno de los dioses en el equilibrio del universo y la barca del rey difunto:

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Por último, de la unión de Geb y Nut, aparece la cuarta generación de dioses primordiales, Osiris, Isis, Seth y Neftis, completando la que es llamada Enéada de Heliópolis, el conjunto de nueve dioses primordiales.

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“¡Oh grán Enéada que está en Heliópolis,

Atum, Shu, Tefnut, Geb, Nut, Osiris, Isis y Neftis,

hijos de Atum! Extended su deseo (de regeneración) sobre su hijo (el rey difunto), en vuestro nombre de nueve arcos”.


CERVELLÓ, Josep. (2014): Curso egiptología UAB 2ª ed. Coursera

HAGEN, Rose-Marie y Rainer. (2010): Egipto, hombres, dioses y faraones. Ed. Taschen.

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